domingo, 11 de diciembre de 2011

Miniresumen en 99 palabras: Formato SMS


Este libro trata sobre las avnturas que vive una niña que se llama Calpurnia. Esta niña es la mediana de 7 hermanos. Calpurnia estblece una gran amstad con su abuelo, el cual csi no existe antes de que Calpurnia le pregunte una duda acerca de su perro. Desde este instante, Calpurnia y su abuelo se lanzan a la avntura de la ciencia, en la que investigan especies y descubren nuevas plntas. A partir de este momnto, Calpurnia vive una serie de hechos que a diferencia de otros años, estos los vive cn su abuelo.

Yo autor: Jacqueline Kelly

Me llamo Jacqueline Kelly y nací el 18 de Febrero de 1964 en Nueva Zelanda. Años mas tarde nos fuimos a Canda con mis padres cuando era pequeña. Nos tuvimos que mudar por motivos económicos. Viví mi infancia en el los bosques de Canadá, y cuando ya fui un poco mayor, nos mudamos a Texas. Allí fue donde estudié la carrera de medicina en la universidad de Galveston.
Estuve practicando medicina durante un tiempo, y años más tarde me fui a la universidad de Tejas para estudiar derecho. Al principio me fascinaba la medicina, pero a la larga me cansé de ella y me fui a estudiar algo más interesante. Practiqué durante muchos años derecho antes de dedicarme a escribir libros de ficción. Al final, dejé la medicina totalmente apartada de mi vida y me dediqué a centrarme en la carrera de derecho, en la que llegué a ser ministra de deporte y turismo, y tuve la gran suerte de asistir a los Juegos Olímpicos de Sidney del año 2000. También tuve el honor de ser durante tres años secretaria del primer ministro de mi país. Pero al ver que no hacía lo que de verdad me gustaba, decidí seguir con mi carrera pero haciendo lo que más me gustaba, escribir. Así que me puse a escribir por simple diversión, pero al final lo hice para ganarme la vida.
Mi primera publicación, fue una pequeña historia que se publicó en una revista del Missisipi. Luego, publiqué el libro de La evolución de Calpurnia Tate, que ha sido el que ha tenido más éxito. 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Comienzo de la imaginación

En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos levantábamos, horas antes de que sonara el despertador empapados de sudor y con las sabanas pegadas a nuestro cuerpo, era francamente insoportable. Ese mes de agosto fue el más caluroso de de toda mi vida. Me levanté con mucha hambre pero por empezar mal el día no había más que un zumo caliente y unas rebanadas de pan para hacer unas cuantas tostadas. Cuando salimos de casa, el termómetro marcaba los 49ºC, pero le prometimos a nuestro hijo que le llevaríamos a ese dichoso museo de ciencia en el que los niños tenían muchas actividades para "aprender" cosas sobre ella.
Cogimos el metro para llegar antes, y todo lo que me dijeron del metro era verdad. Ese metro hacía una olor insoportable, me daba asco sentarme en los asientos porque pensaba que tipo de persona se podía haber sentado allí antes. Me preguntaba si ese olor era durante todo el año o solo ese caluroso verano.
Al entrar en el museo, después de pagar veinte euros por las dos entradas, me dí cuenta de que eso más que un museo era más bien una guardería. Niños pequeños chillando y jugando con cosas que tenían algo que ver con la ciencia, pero que ni por asomo aprendían cosas relacionas con ella. I lo primero que hice al entrar, aparte de poner esa cara de molesto que pone la mayoría de la gente cuando va a un restaurante y hay un niño pequeño que no para de chillar y te fastidia la comida, fue preguntarme porqué estaba allí, y recordé que se lo prometí a mi hijo si me dejaba en paz, y como el intento de buen padre que soy, lo hice.
Me pasé todo el santo día detrás de él, como hacían la mayoría de los padres, intentando fingir que me lo pasaba bien y que tenía interés en los juegos absurdos en los que me hizo jugar. Lo que me fascinó fue que los demás padres, o lo disimulaban muy bien, o realmente se lo estaban pasando bien jugando con sus hijos en ese museo. Al final del día, marchamos de ese maldito sitio y me preguntó si me lo había pasado bien, entonces ese día de 1899, fue el día en el que dije el “si” más falso de mi vida.