Las aventuras de Calpurnia Tate
viernes, 11 de diciembre de 2015
martes, 11 de diciembre de 2012
Bienvenidos!
¡Hola a todos! He creado este blog para ir poniendo diferentes trabajos de este libro, La evolución de Calpurnia Tate. Bien, pondré resúmenes, biografías, y diferentes trabajos de este libro y de esta materia. Espero que os guste y os sirva de mucho!
domingo, 22 de enero de 2012
Final Múltiple
Final Múltiple (I)
- Abuelo… no me puedo creer lo que hemos conseguido… hemos descubierto una nueva planta y lo hemos hecho tu y yo – Calpurnia aún no se creía lo que le estaba pasando.
- Sí… estoy orgulloso de ti Calpurnia… así llamaré a la planta: Calpurnia.
La niña no se lo podía creer, la naturaleza, la ciencia la había unido a su abuelo. Lo quería mucho, muchísimo. El abuelo estaba sentado en el sillón con la mirada perdida, la cara blanca y casi sin expresión:
- Abuelo, ¿ qué te pasa ? – Calpurnia estaba asustada y zarandeó a su abuelo para que reaccionara.
El abuelo no se movía, tenia la mirada perdida. Al cabo de tres minutos que se hicieron eternos, el abuelo miró a su nieta con la mirada fija pero perdida al mismo tiempo:
- Hoy… allí… hoy… a…lli… - el abuelo no se expresaba con claridad y la niña no lo lograba entender.
- Abuelo, ¿Allí dónde? ¿En el laboratorio?
- Sí…
La mirada triste del abuelo empezó a preocupar a la niña, el hombre se tocaba las manos, se las frotaba con fuerza y se miraba las arrugas. Calpurnia lo seguía con la mirada, sabia que su abuelo era viejo pero nunca se había imaginado que tanto, o al menos no se había fijado en sus arrugas.
- ¿Te ha venido el bajón? – le preguntó Calpurnia.
- Sí… mira….
El abuelo se tocaba el ojo, enseñando a su nieta que estaba llorando sin saber ni si quiera porque. Los ojos del abuelo se empezaron a llenar de lágrimas, unas lágrimas amargas que se deslizaban por las mejillas de hombre que se acariciaba las mejillas llenas de arrugas.
- Hace tiempo que no estoy bien… Me vienen bajones sin sentido…
- Pero abuelo, cuéntamelo, yo te puedo ayudar.
- No Calpurnia. No puedes luchar contra el destino, contra la muerte.
- ¿Te estás muriendo? – a Calpurnia le costaba cada vez más articular palabra.
- Sí.
- ¿Cuánto tiempo te queda? – la niña esperaba la respuesta con miedo.
- Horas, minutos, segundos… no lo sé, déjame solo.
- Pero abuelo….
- ¡¡Déjame solo!!
La niña salía de la habitación sin comprender absolutamente nada, llorando porque su abuelo la había gritado, llorando porque su abuelo se iba a morir. Sin poder decir nada a Calpurnia le dio un vuelco el corazón, sabia lo que había pasado en aquella habitación. Su abuelo había muerto. Y allí, al lado de la pequeña planta que los dos habían descubierto había una simple nota:
‘’ Aunque parezca simple cuidarla, va a ser muy difícil. No te rindas, jamás. Te quiero mucho Calpurnia’’.
Y allí sentada, acompañada únicamente por el silencio de la habitación Calpurnia soltó un gritó agónica y no dejó de llorar.
Final múltiple (II)
Al terminar por fin el colegio y las malditas clases de piano tuve un tiempo, un largo tiempo para disfrutarlo al lado de mi abuelo. Nos apartamos unos días de las investigaciones y de todo lo demás y jugamos en todo momento. Mi abuelo estaba muy cansado pero el decía que valía la pena.
Un día me llevó al circo de la ciudad vecina. Salimos de casa muy temprano, y no llegamos a casa hasta altas horas de la noche. Estuvimos viendo animales de todo tipo, elefantes, cocodrilos, jirafas fue impresionante. También vimos diferentes espectáculos y el que nos dejo más sorprendidos fue el de los delfines, esos animales podían saltar más de tres metros y lo hacían como si nada. Tuvimos la gran suerte de montarnos en unos elefantes, se movían un poco y al principio daba un poco de miedo pero resultó muy emocionante y divertido. Tras pasar todo el día caminando por ese enorme circo nos sentamos en un banco y comimos unos helados de chocolate. Después regresamos a casa muy tarde, tan tarde que mis padres ya estaban durmiendo y mis hermanos también por supuesto.
A la mañana siguiente dormimos hasta tarde, y nos levantamos a la hora de comer, el abuelo y yo no podíamos parar de contar todo lo que habíamos vivido la noche anterior, esos dos días fueron los días que más ilusionado vi al abuelo y también fueron los dos días más felices de mi vida.
Pero en ese momento, salí de mi trance y cuando mi abuelo me preguntó que quería me hizo vergüenza preguntarle porque los perros tenían las orejas de un tamaño y otros perros de otro.
miércoles, 18 de enero de 2012
Diez años antes
La llegada de otro hijo en la casa de los Tate fue más especial que de costumbre, porque tras tres hijos nació la primera hija, Calpurnia. El nacimiento de los demás niños también fueron especiales, pero no tanto para el abuelo. El abuelo mostró un poco más de curiosidad en la hija y se encariñó un poco más que con los otros hermanos.
No tenía ni dos años que ya empezaba a caminar, se pasaba el día corriendo por casa, no paraba quieta. Se pasaba la mayor parte del tiempo jugando a los alrededores de casa con la vigilancia del omnipresente abuelo, que no le quitaba ojo de encima, parecía como si el abuelo esperara algo de ella que no esperaba de los otros tres hermanos mayores. Así que poco a poco la relación con el abuelo fue creciendo y creciendo hasta que su madre, al no querer que su hija estuviera todo día haciendo el vago cuando fuera mayor, limitó el tiempo que pasaba con el abuelo y la obligaba a pasar mas tiempo con ella. Ver como cocinaba Viola, mirar como su madre tocaba el piano o tejía con lana fueron sus nuevas actividades, y a pesar del llanto de Calpurnia y de las pocas palabras que sabía decir gracias al abuelo, pero su madre mantuvo su postura a lo largo de los años.
Calpurnia lloraba todas las veces que miraba a su abuelo, y no podía estar con el, que no podía abracarle o jugar con él. El abuelo en cambio, no mostraba demasiada tristeza, simplemente, cada vez que se encontraba con su nieta por casa, le dedicaba una dulce sonrisa como si dentro de unos años fueran a recuperar el tiempo perdido.
martes, 17 de enero de 2012
Biografia personaje principal: Calpurnia Tate
Me llamo Calpurnia Tate y tengo doce años. No soy demasiado alta, pero tampoco soy muy bajita. Soy la única chica de entre siete hermanos, tres de ellos son más grandes que yo, y tres son más pequeños. Con el que me llevo mejor es con el mayor de todos, los demás son un poco pesados.
Tengo el pelo largo y los ojos claros, tengo una nariz respingona y una sonrisa encantadora. Me encantan los vestidos y siempre que puedo evito los pantalones.
Uno de los rasgos que mejor me define es que me encanta hablar, no puedo callarme en todo el día, me encanta hablar con el abuelo y sobretodo con Lula, mi mejor amiga. También soy un poco tímida y bastante madura en mi opinión para la edad que tengo. Soy un poco pesada como mis hermanos, porque cuando quiero algo no para de insistir hasta que lo consigo, y si no lo consigo me enfado y protesto.
Me encanta el mundo de la ciencia y de los animales, me paso el mayor tiempo libre del cual dispongo con mi abuelo investigando especies y haciendo experimentos de toda clase. No me gusta para nada aprender a cocinar, y mucho menos tocar el piano, a mi solo me gusta la ciencia, todo lo demás no me interesa. Lo que me impide estar todo el día con el abuelo es mi madre, que quiere que haga calcetines para mis hermanos, pasteles y postres para la familia y que aprenda a tocar el piano.
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