domingo, 22 de enero de 2012

Final Múltiple

Final Múltiple (I)


-          Abuelo… no me puedo creer lo que hemos conseguido… hemos descubierto una nueva planta y lo hemos hecho tu y yo – Calpurnia aún no se creía lo que le estaba pasando.
-          Sí… estoy orgulloso de ti Calpurnia… así llamaré a la planta: Calpurnia.

La niña no se lo podía creer, la naturaleza, la ciencia la había unido a su abuelo. Lo quería mucho, muchísimo. El abuelo estaba sentado en el sillón con la mirada perdida, la cara blanca y casi sin expresión:

-          Abuelo, ¿ qué te pasa ? – Calpurnia estaba asustada y zarandeó a su abuelo para que reaccionara.

El abuelo no se movía, tenia la mirada perdida. Al cabo de tres minutos que se hicieron eternos, el abuelo miró a su nieta con la mirada fija pero perdida al mismo tiempo:

-          Hoy… allí… hoy… a…lli… - el abuelo no se expresaba con claridad y la niña no lo lograba entender.
-          Abuelo, ¿Allí dónde? ¿En el laboratorio?
-          Sí…

La mirada triste del abuelo empezó a preocupar a la niña, el hombre se tocaba las manos, se las frotaba con fuerza y se miraba las arrugas. Calpurnia lo seguía con la mirada, sabia que su abuelo era viejo pero nunca se había imaginado que tanto, o al menos no se había fijado en sus arrugas.

-          ¿Te ha venido el bajón? – le preguntó Calpurnia.
-          Sí… mira….

El abuelo se tocaba el ojo, enseñando a su nieta que estaba llorando sin saber ni si quiera porque. Los ojos del abuelo se empezaron a llenar de lágrimas, unas lágrimas amargas que se deslizaban por las mejillas de hombre que se acariciaba las mejillas llenas de arrugas.

-          Hace tiempo que no estoy bien… Me vienen bajones sin sentido…
-          Pero abuelo, cuéntamelo, yo te puedo ayudar.
-          No Calpurnia. No puedes luchar contra el destino, contra la muerte.
-          ¿Te estás muriendo? – a Calpurnia le costaba cada vez más articular palabra.
-          Sí.
-          ¿Cuánto tiempo te queda? – la niña esperaba la respuesta con miedo.
-          Horas, minutos, segundos… no lo sé, déjame solo.
-          Pero abuelo….
-          ¡¡Déjame solo!!

La niña salía de la habitación sin comprender absolutamente nada, llorando porque su abuelo la había gritado, llorando porque su abuelo se iba a morir.  Sin poder decir nada a Calpurnia le dio un vuelco el corazón, sabia lo que había pasado en aquella habitación. Su abuelo había muerto.  Y allí, al lado de la pequeña planta que los dos habían descubierto había una simple nota:

‘’ Aunque parezca simple cuidarla, va a ser muy difícil. No te rindas, jamás. Te quiero mucho Calpurnia’’.

Y allí sentada, acompañada únicamente por el silencio de la habitación Calpurnia soltó un gritó agónica y no dejó de llorar.






 Final múltiple (II)

Al terminar por fin el colegio y las malditas clases de piano tuve un tiempo, un largo tiempo para disfrutarlo al lado de mi abuelo. Nos apartamos unos días de las investigaciones y de todo lo demás y jugamos en todo momento. Mi abuelo estaba muy cansado pero el decía que valía la pena.
Un día me llevó al circo de la ciudad vecina. Salimos de casa muy temprano, y no llegamos a casa hasta altas horas de la noche. Estuvimos viendo animales de todo tipo, elefantes, cocodrilos, jirafas fue impresionante. También vimos diferentes espectáculos y el que nos dejo más sorprendidos fue el de los delfines, esos animales podían saltar más de tres metros y lo hacían como si nada. Tuvimos la gran suerte de montarnos en unos elefantes, se movían un poco y al principio daba un poco de miedo pero resultó muy emocionante y divertido. Tras pasar todo el día caminando por ese enorme circo nos sentamos en un banco y comimos unos helados de chocolate. Después regresamos a casa muy tarde, tan tarde que mis padres ya estaban durmiendo y mis hermanos también por supuesto.
A la mañana siguiente dormimos hasta tarde, y nos levantamos a la hora de comer, el abuelo y yo no podíamos parar de contar todo lo que habíamos vivido la noche anterior, esos dos días fueron los días que más ilusionado vi al abuelo y también fueron los dos días más felices de mi vida.
Pero en ese momento, salí de mi trance y cuando mi abuelo me preguntó que quería me hizo vergüenza preguntarle porque los perros tenían las orejas de un tamaño y otros perros de otro.

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